Forofas

Revista de prensa

26 de mayo de 2017

María Teresa León

José Luis Ferris publica la primera biografía de María Teresa León, escritora y mujer de Alberti, que quedó eclipsada por el ego del poeta

 

Un rastro apagado, una estela de citas puntuales en algunos libros de memorias escritos por otros para sobrevolar las incompletas historias de la literatura de la II República y el exilio. Siempre a la sombra. A media luz. "La cola del cometa" decía de sí misma. Porque María Teresa León vivió tapada por el árbol grande y macho que fue Rafael Alberti, miembro fundacional de una generación fastuosa de poetas. Ella y su escritura no hallaron el sitio que les correspondía en un país que tantas veces no sabe establecer correspondencias.

 

Cartas de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí: monumento con palabras de amor

 

Hablamos de un libro pensado como un «Monumento de amor» que nació de una premonición. Reúne, trenzados en más de 700 cartas (650 inéditas), las vidas y los sentimientos de Juan Ramón Jiménez y su esposa, Zenobia Camprubí, tal y como fueron expresados. Pocos meses después de su primer encuentro el poeta escribe a su amada: «Todos mis arrebatos se han trocado en dulzura. Creí que iba hoy a amanecer loco, y he amanecido como si hubiera esta noche hablado con los ángeles. Quiero que de este amor, único en mi vida, quede algo perdurable, además de mi dolor. ¿Será usted tan buena que quiera permitirme que, sin nombres, claro está, escriba yo un breve libro dulce y espiritual? Irán en él los versos y prosas que le he escrito, y trozos de cartas, los trozos más puros y más altos. Algo levantado y noble, digno del amor que mi corazón le ha dado». La aparición del libro es un acontecimiento editorial. Juan Ramón ya pensaba llamarlo así: «Monumento de amor», incluso escribe una portada para incluir las misivas hasta 1916. Pero pasaron los días, la vida pasó y las palabras se acumularon unas sobre otras, como hojas de otoño. Y sin embargo cobran, con el paso de los años, sentidos diferentes, manuscritas sobre las hojas perdidas que el tiempo ha vuelto a reunir.

 

Nuria Barrios recoge el Premio Hermanos Machado por 'La luz de la dinamo'. La autora recurre a la música de los juegos infantiles en un libro donde se cruzan la niñez, el amor y la muerte

 

En Nostalgia de Odiseo, su anterior poemario, Nuria Barrios dirigía la atención a un personaje relegado a los márgenes en la historia contada por Homero: Penélope, la mujer que consagró su existencia a la espera de su amado, recobraba el aliento -mostraba al fin su voz- en una propuesta que defendía los viajes interiores como otra suerte de aventura, y describía, con la larga vigilia de esa heroína como premisa, cuánto de ficción hay en el ejercicio de amar a otro. Ahora, Barrios (Madrid, 1962), que ya había ganado en 2004 el Premio Ateneo de Sevilla con otro libro de versos, El hilo de agua, regresa con otra colección de poemas muy diferente a aquella revisión de la Odisea, La luz de la dinamo, una obra con la que conquistó el VII Premio Hermanos Machado que convocan la Fundación José Manuel Lara y el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla y que la autora recogió ayer en la Feria del Libro.

 

Thelma y Louise en versión gallega. Cristina Sánchez Andrade construye en «Alguien bajo los párpados» una «road movie» esperpéntica y tremendamente humana.





«¿Qué se siente cuando uno se aleja de la gente y ésta retrocede en el llano hasta que se convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es demasiado grande, y es el adiós. Pero nos lanzamos hacia delante en busca de la próxima aventura disparatada bajo los cielos», escribe Jack Kerouac en la icónica «En el camino». Una cita que bien podría ser firmada a cuatro manos por Olvido Fandiño y su criada Bruna, las protagonistas de «Alguien bajo los párpados» (Anagrama), la nueva novela de Cristina Sánchez Andrade.

 

Juana Escudero Lezcano, de 53 años, trata de demostrar que está viva y no enterrada en un cementerio de Málaga, como figura oficialmente.

 

No se parece en nada a un zombi, aunque oficialmente pueda ser considerada una no muerta como ellos. Lleva años intentando abandonar esta condición, pero le está costando más de lo debido. Juana Escudero Lezcano, de 53 años y viva, vivísima -tanto que le duele la garganta de repetir su historia- está oficialmente enterrada en el cementerio de Málaga, una ciudad con la que no tiene relación alguna. Según los papeles, fue enterrada el 13 de mayo de 2010. Seis años después, en 2016, fue exhumada y sus restos se guardan ahora en un osario del camposanto malagueño.