Forofas

La primera surfista de España

La santanderina Laura Revuelta

La santanderina Laura Revuelta ha recibido un homenaje por ser la primera mujer surfista de España y tiene ya una estrella con su nombre en el 'Paseo de las Estrellas del Surf' de Somo.

Ella comenzó a surfear hace muchos años, cuando en España se fabricaban unas pocas tablas artesanales y el que quería otra cosa tenía que ir a comprarla a Francia. Sus inicios se produjeron cuando el surf era cosa de cuatro chavales, cuando para aprender había que fijarse en los Mecolay, Giribet, Fiochi, Merodio o Beraza que viajaban a Biarritz a aprender y luego se subían a las olas en la playa de El Sardinero.

Ahora, a sus 62 años, Laura Revuelta (Santander, 1956) ha recibido un homenaje por ser -ella, muy sincera dice que no está muy segura de que este dato sea del todo correcto- la primera mujer surfista de España.

«Yo sé que hubo muchas novias, amigas y hermanas de surferos que se subieron a una tabla antes que yo, pero igual lo de considerarme la primera surfista de España es porque soy la primera mujer que dedicó su vida a este deporte, tanto desde el punto de vista de coger olas como en el de organizar campeonatos, competir o construir tablas».

En cualquier caso, los que entienden de esto le rindieron tributo en Somo. Allí hay ya una nueva estrella en el primer 'Paseo de las Estrellas del Surf' de España, ubicado junto al Centro de Surf de la localidad.

La homenajeada concedió esta entrevista al Diario Montañés:

–¿Cuándo cogió sus primeras olas?

-Cuando tenía 12 años, en 1968 o por ahí. Mis hermanos y yo siempre íbamos a la playa. Mi padre se bañaba todos los días del año, hiciese malo o peor, y allí nos llevaba (su padre fue Poli Revuelta jugador de fútbol en el Racing de Primera División de los años 50 y un atleta campeón de España de 100 metros lisos, plusmarquista de salto de longitud, cuyo récord perduró durante 30 años). A fuerza de ir asiduamente, conocí a unos chicos, que eran del Surf Club Sardinero, y que surfeaban allí casi todos los días.

-¿Empezó entonces a practicar con ellos?

-Bueno, el acercamiento fue lento. Alguna vez que otra, algunos de ellos me prestaba su tabla para practicar. Y así me empezó a gustar aquello. Así que decidí ahorrar para comprarme mi primera tabla porque sino no podía ir a coger olas todos los días.

-¿Cuánto tardó en conseguirla?

Pues como dos años. Me costó mucho ahorrar las 3.500 pesetas que me costó. Fue con esa compra cuando adquirí el carné de surfista.

-Era la única chica que había en ese grupo ¿no?

-Sí. Era la única. Estaban 'Talo' (Talo Beraza), Solanas (José Manuel Solanas), Chile (Manuel Obregón) y Zalo (Zalo Campa, quien después acabaría siendo su marido), que era un poco mayor que ellos. A veces venían las novias de mis amigos o alguna hermana y cogían olas un día, pero al siguiente no volvían. Ellos me veían como uno más de sus amigos y, además, creo que al principio pensaron que lo mío iba a durar unos días, que después se me iría la emoción y desaparecería de la playa. Pero no fue así.

-¿Fueron ellos los pioneros del surf en Cantabria?

-No, ellos eran más jóvenes. Los pioneros de esto en Cantabria fue la gente del CIS (Centro de Investigaciones Submarinas), que se subieron a una tabla ya en los 60. Allí estaban Mecolay, Giribet, 'Lolis', Jesús Fiochi y su hermano, Merodio, Carlos Beraza (hermano de Talo)... Todos estos son algo mayores que nosotros, pero nos conocíamos todos. También se dice que Fiochi, con esa primera tabla que compró en Francia, fue el precursor del surf en España, pero hay un historiador, que se llama Daniel Esparza, que ha contrastado fechas y dice que el primer súrfer nacional fue José Luis Elejoste, en las playas de Vizcaya.

-¿Y qué le decían sus padres al ser la única mujer que se dedicaba al surf?

-Yo no contaba mucho en casa. Cuando me compré la tabla, tuve la suerte de que los de las lanchas que cruzaban a Somo me dejaban guardarla en sus taquillas. Así que yo salía de casa, iba a la lancha para venir y cogía mi tabla. Surfeaba, regresaba a Santander y la dejaba guardada hasta el día siguiente.

-¿Y nadie se dio cuenta?

-Pues no lo sé, yo lo vivía de una manera muy natural. Después de surfear llegaba siempre a casa con el pelo bien seco y vestida como salí, con el uniforme de los Sagrados Corazones (Esclavas) o con vestido de señorita.

-¿A sus padres les gustaba que usted practicase un deporte que apenas se conocía?

-A mi padre no le importaba, pero a mi madre, que era muy recta, no le gustaba demasiado.

-¿Cuándo empezó a competir?

-Bastante más tarde, cuando ya tenía veintipocos años, en los míticos campeonatos Pukas.

-¿Competía contra chicas?

-Al principio, no. No había chicas, era un mundillo de hombres. Poco a poco, se fueron animando y comenzaron los campeonatos femeninos.

-Usted confiesa que nunca le gustó mucho competir...

-No, no era lo mío. A mí lo que me gustaba era surfear para estar con los amigos. En mi casa, siendo la mayor de seis hermanos, las normas eran bastante estrictas y en aquellos años yo tenía poca libertad. Por eso, cuando me iba a coger olas, para mí era lo mejor: estar con los amigos y con algunas amigas que entraban al agua, como mi hermana Carmen o Ana Guti. Me encantaba que ellas surfeasen. Cuando entraba al agua, lo primero que hacía era saludarlas.

-Aun así, fue subcampeona de España.

-Sí, en 1984, en el primer campeonato de España de surf que se organizaba y en el que había, sobre todo, competidores del País Vasco y Cantabria.

-Y a los 20 años se va de su casa para casarse con Zalo...

-Sí. Era la única manera que tenía de poder hacer lo que realmente me gustaba, que era vivir del surf, tener más libertad y menos horarios. Ya había acabado el Bachillerato y empecé Secretariado, pero lo dejé y después empecé a hacer Decoración. A los veinte, Zalo me propuso montar un taller de tablas y me encantó la idea.

-Pero claro, para salir de su casa tenía que salir casada.

-Sí, las cosas eran así de antes, pero bueno ni a él ni a mi nos importó. Como la mayoría de edad entonces era a los 21, mis padres tuvieron que firmarme un permiso para poder casarnos.

-¿Cómo ha sido su vida desde entonces?

-Muy buena. Surfeando y viajando en invierno, y trabajando mucho en la tienda de surf en verano. Bueno, primero nos asociamos con una pareja de amigos vascos, Íñigo Letamendía y Marian Azpiroz, y montamos un pequeño taller de tablas en Loredo y más tarde abrimos una tienda en Zarautz (Guipúzcoa). Pero después nos separamos y cada pareja se fue a su lugar de origen. Y Zalo y yo abrimos Xpeedin' Surfshop (1977), que fue la primera marca y tienda de surf de Cantabria, una de las primeras de España.

-¿Cómo se les ocurrió ese nombre, que ha sido una referencia en el surf internacional?

-Pues a Nito Biescas, que es un amigo nuestro arquitecto en Barcelona y que dibujaba muy bien, le encargamos un dibujo para poner a la ropa de nuestra tienda. Hizo unas flores y le puso debajo Xpeedin'. Puso eso como podía haber puesto cualquier cosa. Nos gustó y adoptamos su diseño como marca.

-¿Cómo esos comienzos en el 'negocio' del surf?

-Pues duros. La primera tienda tenía un suelo, peor que la carretera, estaba con tablones de obra, no había luz, así que cuando anochecía nos teníamos que ir, pero, eso sí, siempre había música.

-¿Y usted seguía compitiendo?

-Ya no tanto, pero cogía olas siempre que podía. Además, desde mis comienzos, me ha gustado organizar competiciones con las marcas que teníamos en la tienda, para dar a conocer nuestra propia marca. También he sido juez. Primero empecé como secretaria de juez y, más tarde, como juez de surf.

-¿Y ahora sigue metida en el mundillo?

-No. En 2003 traspasamos Xpeedin'. Los hermanos García, Capi y Nacho, se quedaron con el negocio. Durante la temporada de surf trabajo para ellos en la que fue mi tienda, pero nada más.

-¿Entra al agua?

-No. Apenas cojo olas desde 2003. Tengo el cuerpo muy machacado por las lesiones y un par de vértebras mal. Además estoy muy ocupada. Mi marido, Zalo, y yo estamos rehabilitando la casa en la que vivimos, con la intención de luego venderla. Eso nos lleva mucho tiempo porque lo hacemos todo nosotros. Desde levantar un muro, hasta pintar o trabajar la madera. Además tenemos un minicanal que se llama ' Surf Story', que está especializado en la ola de Santa Marina. Y también estamos digitalizando todos los vídeos que tenemos cuando empezábamos a surfear y de cómo empezó la tienda y el taller.

-Ya veo. No tiene tiempo para nada.

-Bueno, hace unos años participé con Simone, una amiga que es terapeuta de niños con necesidades especiales, en un proyecto que consistía acercar a esos niños al mar y al surf.

-¿Por qué eligió el surf y no otro deporte?

-No lo sé. Por que la vida te va llevando. Por que mi padre nos llevaba a la playa todos los días, por que allí conocí a todos mis amigos que eran surferos, por que me apasionaba, por que a mi marido también le apasionada esta forma de vida...

-¿Dónde le ha llevado el surf?

-Siempre hemos viajado mucho, pero antes era más complicado hacer viajes exóticos, como ahora que van a surfear a Bali, a Australia o a cualquier lugar del mundo donde haya olas buenas. En esos años, en primavera y verano estábamos aquí, en Somo, y cuando acababa la temporada nos íbamos a Tenerife o al sur de España en una furgoneta -en la que dormíamos- para coger olas. Y cuando fuimos más mayores y se puso de moda el 'snow', pues en invierno hacíamos snowboard.

-¿Hay alguna ola que le guste especialmente?

-Tampoco es que haya surfeado yo olas muy complicadas, pero por ejemplo me he metido en la de Santa Marina -dicen algunos expertos que para ser un súrfer de verdad tienes que coger la ola de Santa Marina, esa ola de derecha que puede llegar a alcanzar los cinco metros y que rompe contra una rocosa zona que todos conocen como 'el quirófano'-. También he surfeado en Rodiles (Asturias) y la izquierda de las Playa de las Américas (Tenerife).

-¿Qué le ha dado el surf?

-Todo lo que soy y todo lo que tengo. La experiencia y un modo de vida.

-Todo ha cambiado mucho, pero ¿qué es lo que más le impresiona?

-Flipo con la facilidad con la que ahora todos los chicos tienen acceso a una tabla o a un traje de neopreno, e incluso la facilidad para aprender a coger olas, ya que hay una gran cantidad de escuelas.

-¿Cómo de complicado era ser surfista en aquellos comienzos?

-Mucho. Yo me acuerdo que mi primer traje de neopreno se lo compré a un señor inglés que vino de vacaciones a Santander y abultaba dos veces más que yo. Lo tuvimos que descoser entero y adaptarlo a mi talla para volver a pegarlo. Así que cuando un niño llega a la tienda, en la que hay decenas de trajes buenísimos y tallas para todos los gustos, y me dice que no se lo lleva porque no le gusta el color, pues alucino. Pero bueno, así son las cosas ahora con todo.

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