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La ajedrecista Anna Muzychuk, premio Igualdad en el Deporte de Iberdrola

Se negó a competir en Arabia Saudí por su discriminación hacia las mujeres

La ajedrecista ucraniana Anna Muzychuk ha sido reconocida con el Premio Mujeres que brillan, caracterizado por la defensa de la igualdad, otorgado por Iberdrola a través de su proyecto ‘Gente que brilla’.

En un encuentro celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la energética española ha otorgado uno de los galardones a Anna Muzychuk, doble campeona del mundo de ajedrez, por su reivindicación de la igualdad en el deporte.

Además, los Premios Mujeres que brillan han recaído en Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía y consejera de Estado; Montserrat Domínguez, periodista y directora del Huffington Post; Margarita Álvarez, directora de Marketing y Comunicación del Grupo Adecco Iberia y Latinoamérica; y en Isaías Lafuente, periodista, por su compromiso con la defensa de la igualdad.

En el encuentro, todos los premiados han contado su historia, reivindicando la igualdad entre hombres y mujeres con el fin de fomentar los valores de la equidad de género en la sociedad. Anna Muzychuk ha sido la encargada de abrir el evento con una charla inspiracional acerca de sus experiencias.

A finales de diciembre, Anna renunció a su posición en el ránking y a una gran dotación económica en el Campeonato Mundial de Ajedrez Femenino celebrado en Arabia Saudí.

Esta situación se produjo por el “machismo imperante en el país saudí, pues la jugadora de ajedrez se negaba a sentirse como ciudadana de tercera en un país que restringía su libertad por el mero hecho de ser mujer”, informa Iberdrola.

Hasta el año pasado, Anna Muzychuk (Leópolis, Ucrania, 1990) no era muy conocida fuera de los círculos del ajedrez. Y eso que acumulaba méritos: el título de gran maestro, dos campeonatos del mundo, y un dominio del ajedrez rápido que la ha llevado a ser la número 1 del mundo. Aunque, siendo mujer en un deporte "tan tradicional", eso no significaba mucho: el último doble campeonato del mundo que ganó -dos variantes del ajedrez rápido, más atractivo para los espectadores que el clásico- que ganó tenía un premio de 20.000 dolares. "En Arabia Saudí me ofrecían ocho veces esa cantidad, si ganaba", explica Muzychuk durante una visita a la redacción de Vanity Fair. "En general, la bolsa de premios del torneo árabe era la mayor que habíamos visto en el circuito femenino".

La Federación Internacional de Ajedrez también estaba contenta: un campeonato en el mundo en Arabia Saudita implicaba mucho dinero y atención. El empujón a un circuito femenino en el que hay "menos torneos, menos premios y menos oportunidades" compensaba las condiciones que las mujeres sufren en Arabia Saudita, un país donde todavía "son ciudadanas de segunda", en palabras de la jugadora. El problema es que Muzychuk ya había pasado por algo parecido antes: hace un año exacto, en Teherán.

Allí se celebró, del 10 de febrero al 4 de marzo, durante 25 días -entre traslados y el campeonato en sí- el Campeonato del Mundo de Ajedrez Femenino de la FIDE, el cuerpo gobernante del ajedrez. Durante 25 días, incluyendo el día de su 27º cumpleaños, Muzychuk tuvo que "llevar el hiyab a todas partes, el cuerpo tapado, vestir como ellos querían. Me sentí una criatura inferior, una persona de segunda. Fue horrible". La fortaleza mental de Muzychuk -ella y su hermana Mariya ya habían sido campeonas del mundo, una proeza familiar que nunca se había dado antes, ni en hombres ni en mujeres- y su elevado nivel la llevaron hasta la final, donde llegó invicta y de donde salió subcampeona del mundo, tras perder contra Tan Zhongyi. "Pero odié cada segundo con el hiyab. Cuando por fin pude quitármelo me prometí que nunca más, que nadie volvería a obligarme a vestir de una determinada manera sólo por ser mujer". 

Las dos hermanas hablaron y tomaron la decisión de no acudir al torneo. Anna, en concreto, sabía a lo que estaba renunciando: a dos campeonatos del mundo en una variante del ajedrez en la que es la número uno del mundo, a un importe en premios equivalente a años de carrera. Al dinero y a la gloria deportiva, "pero no iba a ceder".

En unos pocos días voy a perder dos títulos de Campeona del Mundo, uno por uno. Sólo porque he decidido no ir a Arabaia Saudí. No jugar con la reglas impuestas por otros, no llevar la abaya [la túnica obligatoria para las mujeres en ese país], no tener que ir acompañada para salir a la calle y en general no sentirme una criatura de segunda fila. Hace exactamente un año que gané estos dos títulos y era la persona más feliz del mundo del ajedrez, pero ahora me siento muy mal. Estoy lista para vivir según misd principios y saltarme el torneo, donde podría esperar conseguir más dinero que en otros doce eventos juntos. Esto me irrita sobremanera, pero lo que más me enfada es que a casi nadie le importa. Es un sentimiento amargo, pero no tanto como para cambiar mis principios y mi opinión al respecto. Lo mismo va por mi hermana Mariya, y me alegra mucho que compartamos este punto de vista. Y sí, para aquellos a los que les importe: ¡volveremos!"

"Fue una locura: más de 130.000 compartidos, más de 75.000 compartidos, más de 30.000 mensajes contando con los privados. Y sí, algunos eran para atacarme, pero me sentí increíble. Me di cuenta de que esto iba más allá del ajedrez. De que mi posición no era sólo por mí o sólo por las jugadoras que nos apoyaron [Sandra Silva, la campeona de España, por citar uno de los muchos ejemplos]. Esto era una decisión tomada por las mujeres del mundo", nos cuenta Muzychuk. Desde entonces, "sigo siendo una jugadora profesional, claro, pero ahora tengo muchas más labores. Me invitan a charlas y a eventos y mi postura ha servido para llamar la atención sobre algo que no es sólo el ajedrez: ¡no podemos dejar que nos traten así".

La jugadora es consciente de que el momento social que atravesamos también influye: la lucha por los derechos de la mujer está en el centro de la agenda política, del entretenimiento y calando capa por capa de la sociedad, hasta en un deporte tan "inamovible" como el ajedrez. La Federación, ahora, tiene que plantearse si quiere celebrar alguno de sus próximos torneos "en países donde no se respeten los derechos humanos". Porque el movimiento de Muzychuk ha sido posiblemente la noticia más mediática acerca del ajedrez en los últimos años. 

Por otro lado, Muzychuk también está contenta por el peso que está adquiriendo el ajedrez femenino. Cuando ella tenía cuatro años y sus padres empezaban a enseñarle los rudimentos del ajedrez, Judit Polgár (la mayor ajedrecista de la historia) tenía 17 años y se enfrentaba en Linares a Gary Kasparov. "Crecí admirándoles a ambos, su estilo agresivo me encantaba". Uno que todavía se refleja en su ajedrez, aunque se haya vuelto más analítica y haya cambiado de referentes con el tiempo. Magnus Carlsen, que lleva 10 años dominando el deporte y que tiene la misma edad que Muzychuk, es su jugador favorito. "También por lo que ha hecho fuera de los tableros, es una figura pública que ha llevado el ajedrez a todas partes". Es decir, lo mismo que están consiguiendo ella y su hermana -en Ucrania ya eran figuras públicas, y hasta aparecen en un sello. Desde la decisión de Muzychuk, "hasta las reconocen por la calle y le dan las gracias en otros países", nos asegura su agente-.

"Durante nuestra carrera hemos visto como en mi país, o en Armenia o en otros cuantos países, el ajedrez se está integrando en el sistema educativo, incluyendo a las chicas. Cuando yo empecé, la proporción era de 10 chicos por cada chica, porque no existe la tradición de apuntar a tus hijas a los clubes de ajedrez, pero ahora se va viendo que es posible. Y beneficioso: todos, niños y niñas por igual, aunque no quieran ser profesionales, pueden beneficiarse del ajedrez, que está demostrado que mejora muchas capacidades mentales de los estudiantes, independientemente del sexo".

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